Escribir una novela

Voy a escribir esta entrada así, sin filtros. Mostrando todo lo torpe e ignorante que soy sobre este tema. Si a alguien se le ocurre comentarme cosas, estoy para leerlas. Porque leí en un tip para personas escritoras que una de las cosas que tenemos que hacer sin parar es escribir un blog. ¿Será útil?

Estoy escribiendo una novela. Qué difícil me resulta decirlo y más dificil me resulta escribirla.

El pudor hace que no pueda decir que soy “escritor”. Pero se me hace totalmente necesario decir que estoy escribiendo. Me he visto postergando mucho tiempo mi momento que no se me ocurre otra manera de hacerlo diciendoselo a mis amistades y familia. Reorganizando mi vida familiar en principio para tener tiempo para escribir.

He borrado hoy mismo de mi movil todas las redes sociales con el fin de no estar tentado de curiosear para escaquearme, para no procastinar. Me queda evitar saltar al ordenador (desde el que estoy escribendo) y volar a las redes en cuanto me vea desesperado. Pero voy a conseguirlo. Escribiré mi novela.

Tengo todos mis apuntes alrededor . Me he procurado un espacio en casa, nuestra habitación, con una mesa, para poder cerrar la puerta cuando toque encerrarse. Porque de muchas otras cosas sí que hablan en internet pero no me he encontrado con ejemplos de padres o madres escritoras que escriban en medio del caos rutinario de limpiar tu casa y cuidar de tu hijo o hija (aquí vale comentar con ejemplos refutando mis escasos resultados de busqueda).

Porque es dificil escribir una historia que te emociona y motiva en medio de despertarse para ir a trabajar y volver ocho horas mas tarde a una casa que te pide atención hasta la hora de dormir paa poder levantarte al otro día e ir a trabajar para volver a las ocho horas a casa y así hasta el infinito. No te salvan ni las vacaciones.

Todo este sistema de busqueda de dinero para “vivir” es una trampa enferma que nos atrofia a muchos niveles, y uno es el de no poder estar contigo mismo mucho rato, que es, en definitiva, lo que considero escribir.

Todos los “tips” que sugieren para escribir novelas son idénticos a los de trabajar en una zona de producción en serie. No hay metáfora. Si acaso en lo que único que se diferencian es que escribir supone un esfuerzo mental (todo está en tu cabeza) y poco físico. Pero en escencia es lo mismo. Hay que saber algunas reglas del trabajo y luego, a trabajar. Punto. No hay más.

Escribir pensando que no tienes con qué llegar a fin de mes es contraproducente. Está mal visto escribir mientras no tienes trabajo. Y mucho más si dices que eso que vas a escribir es una puerta para conseguir trabajo. Escribir es trabajar. Pero no tiene una buena fama entre la población activa de trabajos físicos.

Mi madre murió hace dos meses. El coronavirus se la llevó. Otro día contaré todo lo que se llevó consigo su muerte, pero hoy resumiré que ese detonante hizo despertar en mí las ganas de no postergarme más. De terminar mis proyectos mientras me dura el duelo (o la vida).

No era necesario que se muriera mi madre para que me de cuenta de que me estaba postergando, pero al final está sirviendo de empujón. A veces creo que ella está manejando los hilos de mis musas en el más allá para que haga lo que tengo que hacer.

Me voy a escribir.

Con su mismo salvaje

Sientes el cansancio y no quieres saber mas nada con este día. Ha sido agotador. Trabajar, dejarse llevar por la rutina, sacar a pasear a los perros, hacer la cena, beber cerveza, fumar, vomitar el suelo de la cocina, verte los ojos rojos en el espejo, tropezar torpemente y dar con la nariz contra la puerta del baño, si, si. Cualquiera querría terminar con este día. Duerme.

Levántate. Ya son las ocho menos veinte. Hora del desayuno, dar de comer a los perros, sacarlos a pasear, eso es. Respira el aire matutino. Espabila.  Ya es suficiente. Ve a buscar tu reloj de pulsera que dejaste en la mesa de noche. Deseas no tener a estos malditos perros, si, ya lo sé. Pero son de tu ex pareja. Debes cuidarlos porque son lo único que te queda de ella. ¿Por qué será? Se hace tarde. Toma de un sorbo lo que quede de café. ¿Ya estás? ¿Tienes el móvil? ¿Las llaves? ¿Llevas dinero? Es importante que lleves dinero. ¿Cuánto tienes? ¿Cien? lleva un poco mas por si te hace falta, por si ves algo que te guste camino de regreso a casa. Recuerda que tienes que comprar unos pantalones nuevos. Las ocho y media.

El día se está haciendo pesado. Las horas de trabajo no pasan lo suficientemente rápido como esperabas, como esperas siempre que pasen. Es lo malo de trabajar solo. Sin compañeros de trabajo. Tu puesto de trabajo te resguarda de la gente, de la luz del sol, del mundo aparte. Solo de vez en cuando aparece tu jefe y te da nuevas ordenes, te trae un dolor de cabeza y tarde, inevitablemente tarde, trae el sueldo en un sobre color marrón, como cada mes.

Nueve horas. Ya estás afuera. Hora de ir de compras. Olvídate de tus responsabilidades. Eres libre. Mira al mundo. Te comen con la mirada. Si pudieras concretar una cita con cada uno de ellos… Mira. Un pantalón. Justo el que buscabas. Por lo menos al maniquí que lo viste le quedan bien. Cómpralo. No habrá en otro lugar nada mas barato ni de tan buena calidad.

Un libro. ¿Hace cuanto que no te compras un libro? Cómpralo y busca un bar. Pídete una copa o algo para beber. Lo que sea, da lo mismo. Entra. Siéntate. Observa a la gente si percibe que te has comprado un libro. Es importante que lo hagas porque de lo contrario no podrás decir que la gente ya no se interesa por leer -ni por la cultura- cuando hables con tus amigos que sólo ves los fines de semana. No olvides mostrar la bolsa donde compraste el pantalón. Por cierto: te hace falta una camisa que haga juego. Tal vez también unos zapatos. Todavía estás a tiempo. Puedes incluir un disco de vinilo para llevarte a casa y leer el libro. Creo que es lo mejor, si. Ojea las páginas y déjalo apartado. Ahí vienen el café, un bocadillo y un agua con gas.

Ya estás en la calle. ¿Cuánto dinero te queda? ¿Cien? Debiste haber traído más. O no comprar ese libro de mierda. Sientes bronca contigo mismo. No lo pienses dos veces. Compra algo que sea mejor que ese libro. ¿Qué tal una película? Un dvd no estaría mal. ¿Quién compra hoy en día DVD? Nadie. Pero tú puedes tener uno más para tu larga colección y seguir diciendo que eres auténtico y analógico. ¿Qué tienes ganas de ver? ¿Terror? ¿Drama? ¿Comedia? Existe aún una tienda a dos calles de aquí que tiene una gran variedad almacenada. Corre. Siente la adrenalina correr por todo el cuerpo. Anochece. Eres libre.

Bien pensado. Te has comprado tres. Tres películas. Pocas veces  tienes esa lucidez. Te sientes mejor. Aprovecha este tirón y ve a por la camisa que haga juego, por los zapatos, por ese sombrero  a lo Charles Chaplin que te enloquece. Corre.¡Compra! ¡Compra! No te sientas culpable. Eres libre. ¿Cuánto dinero tienes? ¿Qué hay de la tarjeta? ¡Úsala!

Llegas a casa con las manos llenas. Siente el cansancio. Los perros han destrozado tus cojines nuevos. ¿Qué piensas hacer ahora?

Decirte adiós ¿a vos?

No entiendo a qué viene este nudo en la garganta por alguien que ha muerto y no había conocido en persona. ¿A qué viene esta despedida si jamás lo he visto? No sé casi nada de él y lo que sé lo sé por entrevistas y libros. Es estúpido sentir que despido a un amigo porque no era nada parecido. Así que me niego a saludar a alguien que no ha estado físicamente frente a mis ojos.

Lo siento, Quino, pero no. No sos nadie en mi vida para torcerme el día y ponerme triste y hacerme reprimir las lágrimas. ¿Qué sentido tiene gastar mi tiempo en ver todos los homenajes que hacen en las redes sociales? ¿Quién te crees que sos? Si lo “único” que hiciste fue dibujar. ¡Andá!

Y dibujar historieta, además. No sos Da Vinci, ni Miguel Ángel. Sos un historietista. ¡Y encima en blanco y negro! O sea, lo peor de lo peor.

Sos culpable de que me miraran raro por copiar tus lineas y por empezar a dibujar. Por tu culpa, maldito seas, me manché las manos con tinta china y probé a contar mis propias historias y mis chistes. Siempre con tu estúpida forma de pensar en analizar y criticar el mundo y soñar en que podíamos mejorarlo.

Te maldigo cada vez que enseño a otras personitas a dibujar y te pongo de ejemplo. Parece tan fácil lo que hiciste que nos haces soñar con que podemos mejorar en nuestro empeño por ser grandes dibujantes, imbécil.

Culpable de que cada vez que me siento de bajón vaya a cualquier biblioteca pública y busque alguno de tus libros con recopilaciones y me quede mirando esas lineas, esas rayas, esos detalles, esas jodidas obras de arte donde habrás invertido tiempo que le robaste a tus seres queridos y nos lo diste a nosotros.

¿Por qué debo despedirte? Es absurdo y egoísta decir que “al menos nos quedan tus dibujos” ¿De qué te sirve? Si tus dibujos siempre fueron nuestros cuando estabas vivo y ya nos habían cambiado la vida.

El mundo era blanco, y viniste a mancharlo todo de negro. ¿cómo pudiste? ¿Y encima querés que te lo agradezca?

Estoy llorando pero porque tuve un mal día (un mal año) no porque tenga nada que ver con vos, eh? Es… casualidad.

Bueno, chau. Andáte.

P.D.: ¡Gracias por tanto y por todo!

El futuro está perdido en el bosque

El antes y el después. El blanco y negro y el color.

Heme aquí en el bosque, soñando con árboles y buscando una respuesta a tanta locura en plena pandemia. Aunque el boceto, la idea, vino mucho antes de la declaración del estado de alarma en España, tomó color en estos últimos días en que me vi un poco más desatado mentalmente y muy cómodo con mi paleta de acuarelas.

También tiene gran culpa el hecho de descubrir la serie en cómic de Harrow County -una obra de arte en cada viñeta a cargo de Tyler Crook- que recomiendo echar un vistazo aunque sea para ver esas manchas de acuarela expandirse tan majestuosamente.

A continuación les dejo la tira que ha resultado de toda esto y al final, el boceto original.

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